martes, 9 de noviembre de 2010

KILIMANJARO. FINAL.

Viernes, sexto y último día en la montaña. Después de desayunar reunimos a todo nuestro equipo, es el momento de darles las gracias por su inestimable ayuda y entregarles una propina como agradecimiento. Es algo habitual, viven más de esto que de lo que les pagan las agencias. Para celebrar el éxito de la expedición cantan la canción del Kilimanjaro, se nos pone la piel de gallina. Muchas emociones, algo fuerte nos une.

Hemos cumplido nuestro sueño gracias a ellos, sin duda. El Kilimanjaro no es una montaña complicada, la única dificultad es la altitud, pero sin las comodidades que nos han facilitado seguro que cambian radicalmente las posibilidades de éxito: ascender tranquilamente sin peso, descansar bien, beber y comer como reyes, todo gracias a su trabajo y esfuerzo.

Así está establecido, no subes si no es con equipo local, así además garantizan ingresos para gente de la zona, puede parecer excesivo un equipo de 9 personas para que suban 2, pero una vez vivido y visto lo que supone para ellos, nos parece perfecto que aprovechen algo de este turismo de montaña. Además, como es habitual, estas nueve personas que dedican todos sus esfuerzos y que están 6 días con nosotros en la montaña lejos de sus familias son los que menos engordan la factura final del viaje, una pena y una injusticia pero es así.

Nos queda bajar hasta Marangu Gate, lo subido en 2 días lo bajamos en 4h45 19 KM y -1.750 metros.

Fin de la aventura. Nos despedimos de Agust y del resto del equipo: Brian, Harrot, Anoldi y los demás. Hemos convivido con ellos apenas 6 días, con algunos no hemos podido hablar por las dificultades del idioma, pero les tenemos un aprecio y un cariño especial. Una vida totalmente diferente a la nuestra, ellos han subido por trabajo, nosotros por placer. Nosotros subimos con ropa y calzado técnico y de abrigo, ellos con lo que tienen. Cuando no están trabajando en la montaña están en sus pueblos dedicándose a sus pequeños huertos, a traer agua, a estar con sus familias, a “disfrutar” de su vida sin pretensiones ni preocupaciones absurdas. Viven esa vida que ya no sabemos vivir aquí. No hemos visto miseria ni pobreza, tampoco abundancia, tienen los justo, lo necesario, pero sí que hemos visto tranquilidad, paz y alegría, mucha alegría en sus miradas y en sus sonrisas. Difícil de explicar, pero mucho tendríamos que aprender y aplicar, una parte de nosotros se ha quedado allí. La jirafa es el animal que representa a Tanzania, lo es por su tranquilidad, akunamata (no hay problema) la expresión más representativa, y así es, eso es lo que hemos visto allí.

Acabamos nuestro viaje con un pequeño safari de unas horas en el Parque Nacional Tarangire, a 2 horas de Arusha. Por el camino vemos poblados Massai, niños pastoreando, niños jugando con un aro de madera. Su mirada tampoco es triste, ni mucho menos.

De vuelta a la ciudad y camino del aeropuerto nos cruzamos con varias bodas, bajan por polvorientas calles con sus vestidos de gala, cantando y bailando.

Hemos visto más alegría y generosidad en este rincón de África que en todo occidente, no tienen riquezas, no tiene caprichos, no tienen lujos, pero tienen mucho más, aceptan lo que les viene y bueno es, quizás es una de las claves para empezar a cambiar.

Fin, vuelta a casa, el Uhuru Peak se queda allí y una parte de nuestros corazones también.

KILIMANJARO. 4a ENTREGA.

Miércoles 27 de octubre 23:00. No hemos dormido mucho, hemos descansado lo que los nervios nos han permitido.

Algo ligero para comer y a prepararse. La comida fuerte la hicimos por la tarde, a las 17:00. Ahora un poco de té y un par de galletas. No nos atrevemos con nada más contundente, según nos dice Agust (nuestro guía) los problemas de vómitos son muy frecuentes, mejor ir ligeritos.

Hace frío, hoy hay que sacar todo el abrigo posible: camiseta térmica, forro polar, chaqueta, gorro, buff, guantes, mallas, pantalón, dos calcetines, botas y polainas. Hoy vamos con todo.

No sé si traemos el material más adecuado, hemos traído el que tenemos sin hacer ningún gasto extra en material específico, que acostumbra a ser demasiado caro y de poco uso después. Seguimos la técnica de la cebolla: por capas. Creo que llevamos bastante abrigo, esperemos.

El frío de la noche dejó ayer fuera de juego a nuestra cámara de fotos, suerte que traemos la “vieja” que funciona con pilas. Esta noche han dormido en mi saco, les he dado todo mi calor, esperemos haber resucitado algo de energía en ellas y poder hacer la deseada foto de la cima.

Algo similar pasa con el agua. En el camel se congela. Tenemos que seguir bebiendo frecuentemente y no queremos estar parando cada 10 minutos, así que me pongo una botella dentro de la chaqueta, a mano y a resguardo con mi calor corporal, lo mismo con las cámaras.

00:00 hora de ponerse en marcha. Varios grupos han salido, empezamos bajo la luz de la luna, no hace falta casi frontal, pero aquí la luna no se ve tan arriba como en casa, aquí está bastante más cerca, 5.000 metros más cerca.

Pole, pole, pole, pole, muy, muy poco a poco, hoy más que nunca. Gracias a la oscuridad no vemos lo que nos queda por delante, es una larga y fuerte pala de piedra descompuesta que se supera siguiendo un camino en marcadas Z. El tramo más duro de todo el treking está aquí.

Vamos subiendo y nos sentimos bien. Seguimos bebiendo, así que al rato he de parar a orinar. Hace mucho frío, nuestro Suunto marca -10 grados a lo que hay que sumar el ligero viento, así que unos -15 grados no nos los quita nadie. Sacarse los guantes es un tormento para los dedos. Aunque Judith dice que no tiene muchas ganas, aprovecha también la parada para no tener que hacerlo después.

Estamos a 5.000 metros, al incorporarse Judith se marea, parece que no ha sido buena idea parar. Se sienta y descansamos, esperamos pero no mejora. Seguimos un poco, sigue mareada, se le ha revuelto el estómago, descomposición. Se vuelve a sentar.

Así, de repente, de un momento a otro ha cambiado todo por completo. De estar perfectos, a ver cómo muy probablemente nos vamos a tener que dar la vuelta. ¿Son estos los efectos de la altitud?.

Seguimos un poco más, voy detrás de Judith y según camina voy viendo que vuelve a estar mareada, sus piernas y pasos lo reflejan, así es, al momento ha de pararse o se desploma contra las piedras. Se sienta, otra vez el estómago, más descomposición. Descansa. Nuestro guía no dice nada, sólo mira. Judith decide seguir un poco más.

Unos metros y vuelta al mareo, por suerte esta vez sin necesidad de bajarse los pantalones.

De esta manera vamos avanzando poco a poco, todo está en manos de Judith, cuando quiera nos volvemos, cuando ella diga. Mareos y malestar, pero en cuanto a cabeza está bien, no tiene dolores, ni está desorientada, ni aturdida. Le pregunto a Agust, nos dice que si ella quiere seguir que lleguemos a William’s Cave, la mitad de camino a Gilman’s Point, y allí veremos.

Seguimos, Judith se está esforzando al máximo, lo está pasando mal, muy mal, pero quiere seguir luchando, quiere intentarlo. Cada vez los ratos andando son más largos, cada vez la veo caminar mejor, parece que lo está superando.

Así llegamos a William’s Cave, es una gran roca que da un pequeño cobijo. Hay mucha gente descansando, las caras son un poema.

Yo voy bien, muy bien de momento, las mismas sensaciones que días anteriores, sin mayores dificultades pese a la altitud.


Continuamos, parece que Judith lo está superando. El terreno se pone más pendiente aún, muy poco a poco vamos ascendiendo trazando Zs por el polvoriento camino de piedra descompuesta, en ocasiones por el desnivel y por las piedrecitas resbalas: un paso adelante y 2 para atrás.

Cada vez los descansos son más espaciados, vamos retomando el ritmo inicial, parece que Judith se encuentra mejor. Hemos de intentar llegar a Gilman’s Point, allí ya se ve el cráter, aún quedaran algunos metros para cima pero en un terreno mucho más llevadero.

Algo más de 5.300 metros, el frio es demoledor, quedarse quieto no es una opción, al momento empiezas a tiritar. Por el susto que nos ha dado Judith y la tensión y preocupación des de entonces, y también por el frio, hoy ni estamos bebiendo ni estamos comiendo, un desastre, espero que no nos pase facture más adelante. Es muy difícil respetar una rutina en estas condiciones, se hace muy complicado comer y beber aquí arriba.

El tramo que sigue es de sendero entre rocas como escalones que hay que ir subiendo. Ahora la altitud también hace mella en mí, un ligero mareo, pulsaciones por las nubes y ahogo. Este tramo es criminal, subes 2 escalones y has de parar, la cabeza se te va, el corazón se sale por la boca e intentas respirar hasta por los ojos para coger todo el aire que puedes. Las piernas bien, no es cansancio, no es dolor muscular, no es que no puedas subir el escalón, es que tu cuerpo no da más. Es curioso sentirse tal como si hubieras corrido un 10.000 totalmente agónico, al borde del colapso, pero moviéndote a cámara lenta.








Dos pasos y parar, así vamos subiendo, vemos Gilmans Point pero nunca llega. Va amaneciendo, en el horizonte crece un franja anaranjada con fuerza, esperemos que su calor nos de energías. El sol emerge entre las nubes, se abre paso y corona el horizonte justo por encima de la silueta del escarpado Monte Mawenzi, espectacular, impresionante, vale la pena estar aquí.

Llegamos a Gilmans Point, me emociono, nos abrazamos, llegar aquí es casi llegar a cima, aún queda camino pero lo duro ha pasado, Judith lo ha superado, ha luchado con todas sus fuerzas y lo ha conseguido. Da igual que aún queden 2h de “paseo” a esta altitud, llegar hasta aquí y haber superado este tramo con lo que nos ha costado nos da alas, lo que queda nos parece pan comido. Hasta aquí hemos invertido 6h30.

Estamos bien, los efectos normales por la dificultad de la altitud pero sin síntomas de mal de altura. Emprendemos camino hacia la gloria, nos dirigimos a Uhuru Peak. Una travesía semiplana con ligeros ascensos, con vistas sobre el cráter y los pocos glaciares que quedan. Parece que no exageran, es verdad, en pocos años no quedará ni rastro de las nieves eternas del techo de África.

Des de Gilmans point aún tardamos 1h30 en llegar a Uhuru Peak, cada paso es un esfuerzo, la más mínima subida obliga a descansar cada pocos metros, pero al fin lo vemos, allí está, lo hemos conseguido, hemos llegado, estamos a 5.895 metros sobre el nivel del mar, en lo más alto del continente africano, contemplando una de las maravillas de la tierra, y hemos llegado con nuestro esfuerzo e ilusión, un paso tras otro hasta casi la extenuación. No exagero si digo que las últimas 4 horas han sido de las de mayor esfuerzo y superación que recuerdo, cada paso, cada roca, increíble los efectos de la altitud.

28 de octubre de 2010, 08:15 AM, Uhuru Peak!!!!!!. Lo hemos conseguido. Una buena forma de celebrar mi 33 cumpleaños, se puede decir que estoy en lo más alto de mi vida, je, je,je.

Nos emocionamos, no es para menos. Fotos, comemos algo y para abajo, aún nos queda la mitad del camino!!!. El día es claro, el sol empieza a calentar con fuerza.

Creo que aquí entra en juego nuestra experiencia ultra. La subida ha sido durísima por los efectos de la altitud, pero estamos bien físicamente. Si el terreno no pica hacia arriba podemos caminar bien y sin dificultad, el problema viene cuando le pides al cuerpo un esfuerzo, por pequeño que sea, entonces se multiplica y el corazón se dispara. Pese a las horas transcurridas y el esfuerzo realizado, en plano y bajada vamos bien.

Lo que hemos tardado 8h15 en subir son escasas 3 horas bajando, a las 11:15 estamos ya en Kibo Hut con el trabajo hecho. De bajada y a plena luz vemos lo que hemos subido, es una pala muy respetable, digna de cualquier prueba de kilómetro vertical y a más de 5.000 metros de altitud, durísimo, lo más duro de todo el treking está justo aquí, a la mayor altitud.

Estamos muy cansados, sobre todo por el sol que nos está tostando des de las 6:00 y por no haber comido prácticamente nada. Ahora mucho dolor de cabeza pero es por el sol. En el refugio nos preparan algo de comer y podemos descansar 1 horita. Como nuevos, estamos preparados para seguir hasta Horombo.

La rutina normal para el día de cima es: Kibo Hut 4.700 metros - Uhuru Peak 5.895 metros - Kibo Hut - Horombo Hut 3.700 metros. Un día muy largo y bastante exigente, sin dormir y con condiciones muy duras por la altitud y el frio.

El camino a Horombo lo hacemos rápido, ya no hay que ir pole, pole, el trabajo está hecho.

Jornada completa: 20 KM en 15h06 con1.200 metros ascenso y 2.200 de descenso.

domingo, 7 de noviembre de 2010

KILIMANJARO. 3a ENTREGA.

Miércoles 27 de octubre de 2010, despertamos en Horombo Hut tras pasar allí el día de aclimatación y dos noches.

La mañana esta clara y despejada, cielo azul completamente limpio. Despertamos sobre un mar de nubes, al fondo se ve nuestro destino y la luna aún junto a la cima.

Rutina diaria: bañito con barreño, súper desayuno, dejar listo el petate para los porteadores, preparar nuestra mochila (agua, el picnic y algo de abrigo ligero), repasar que no nos dejamos nada en la cabaña y a emprender la marcha.

Hoy partimos de los 3.700 metros de Horombo Huts hacia Kibo Huts para alcanzar los 4.700 metros. El tema se pone serio!!!.

La táctica, la misma que en los otros días: pole, pole, beber-mear. No hay más, no hay otra. Nos encontramos muy bien, hemos pasado las dos noches en Horombo sin problemas, durmiendo perfectamente. Beber mucho, orinar mucho, dormir bien, tener apetito, buenos síntomas de una buena aclimatación.

El mal de altura es nuestra principal inquietud en estos momentos. Físicamente pensamos que no debemos tener problemas en superar las etapas que nos quedan, pero nuestra respuesta a la altitud la desconocemos.

Nuestro guía nos comenta que dolores de cabeza y mareos son normales a esta altura, que no nos preocupemos. De momento ni rastro de estos síntomas, estamos perfectos. También nos dice que beber y no orinar es señal de estar desarrollando un problema. Nos comenta que mucha gente utiliza medicamentos indiscriminadamente des de este punto, sobre todo Diamox. Por lo que sabemos viene a ser un diurético. Nos dice que tomarlo como “prevención” es un error y que es muy peligroso, y que entonces has de beber mucho más, como 5 litros al día. Nosotros nos sentimos bien, así que lo único que hemos hecho ha sido tomarnos un ibuprofeno antes de ir a dormir, igual que hacemos antes de los ultras y carreras duras.

Charlando, preguntando y comentando llegamos más de 4.000 metros, otra zona de picnic y sus wc, Ruta Coca Cola, y el último punto donde se puede coger agua. Des de aquí los porteadores han de cargar con agua para cocinar y lavarnos en el siguiente refugio.

Respecto al tema de los wc, pues yo estoy muy a favor de su existencia. Son pequeñas cabañitas (4 paredes y 1 techo), con el suelo de madera y un agujero en medio, sobre un gran y profundo agujero donde va a parar lo mejor que llevamos dentro. No huelen mal, y tampoco es que distorsionen mucho el paisaje.

Con esta fórmula se evita que los miles de montañeros que pasan por aquí al año dejen su recuerdo más íntimo por todo el paisaje. Por ejemplo, lo que menos me gustó de los 100 KM del Sahara, es que cada mañana l@s 300 corredor@s que allí estábamos, salíamos de nuestras haimas, nos alejábamos unos metros y elegíamos la duna que más nos gustaba para dejar nuestro recuerdo y un poquito de papel, una patadita con el pie y todo tapadito de arena, el principio de una nueva duna???. Si todas las actividades en el desierto optan por la misma fórmula vamos a convertir al Sahara en un campo de minas!! o quién sabe, igual en unos años empiezan a florecer pinos…

Bueno, pues que aunque parezca muy turístico e impropio de una montaña de casi 6.000 metros de altitud, lo de los wc lo veo genial y muy acertado para cuidar y respetar el entorno, más que como una comodidad extra para el montañero.

El paisaje hoy ha vuelto a cambiar por completo, entramos en el desierto alpino. Ya tenemos vista completa de la mole que conforma la cima. El camino sigue siendo muy ancho y ganando desnivel suavemente, de hecho es una pista de tierra muy cómoda.






Caminamos entre la cima del Kilimanjaro y el Mawenzi, otra montaña de más de 5.000 metros que guarda ciertos parecidos con Montserrat por lo escarpado de su perfil. Entre las dos moles de roca una gran extensión de tierra azotada por el viento y donde se empieza a sentir algo más el frio propio de estas altitudes.

Pole, pole, vamos llegando a Kibo, ya lo vemos. También vemos el camino a cima, es una pala muy pendiente, pero eso lo viviremos mañana, ahora hay que llegar a Kibo y descansar. Pasamos la última zona de picnic, sólo falta 1,5 KM para llegar, así lo indica una señal. Vemos el refugio cerca.

Aún tardamos una eternidad en llegar al refugio!!!!!!!, nunca había caminado tan lento, el 1,5 KM más largo de nuestras vidas. Ahora entiendo cuando escuchas a los escaladores de grandes montañas “quedan 100 metros, tenemos x horas” y piensas: horas??. Aquí arriba el tiempo se detiene, tu cuerpo pide calma y los movimientos se eternizan.

Pole, pole, muy pole, pole llegamos a Kibo. Nos sentimos bien, un poco más cansados que el resto de días, con un poco de cansancio general. Pero sólo un ligero dolor de cabeza fruto más del sol y el viento que de la altitud. Perfectas sensaciones respiratorias.

Jornada completada: 10 KM y 950 metros de ascenso en 5h20.

Son las 14:00, hoy el tema se embala. Pasamos de 3 días muy relajaditos a 1 día con mucha actividad. El plan es el siguiente: descansar un poco y cenar a las 17:00. Descansar y a las 23:00 en pie para comenzar el ataque a cima(qué poco me gusta esta expresión, no vamos a atacar ni conquistar nada, más bien pedimos que la montaña nos permita acceder a su reino), para comenzar el intento de llegar a la cima.

Así que hoy a las 8:30 de la mañana empezamos en Horombo, tras poco más de 5 horas llegamos a Kibo. Y10 horas después listos para la traca final. Mañana a las 8:00, cerca de cima si todo va bien, en un marco de 24 horas habremos hecho 13 de treking, a gran altitud, mal alimentados y sin dormir, y aún nos quedará descender. Esto deja de ser Ruta Coca Cola, esto se pone más serio.